sábado, 2 de abril de 2011

Invasión visigoda en Cantabria

A partir del s. III d.C. el imperio romano entre en decadencia y  Cantabria en una época oscura de la que sabemos muy poco. Los cántabros recuperan parte de su identidad y habitan de nuevo los castros y las villas. Las ciudades romanas, como Julióbriga, son abandonadas y muchas destruídas por los bárbaros. Se independiza de Roma.

El dominio romano también ha dejado su huella en aspectos tan importantes como el lenguaje o la religión. Un ejemplo de la contradicción que vive el pueblo cántabro es el ara del Pico Dobra ( Torrelavega ) dedicada al dios cántabro Erudino, fechada en el año 399 d.C. Después de cuatro siglos de domino romano y con el cristianismo como religión oficial, en Cantabria se venera todavía a un dios prerromano utilizando el latín. Esto evidencia que Cantabria era un lugar remoto dentro del Imperio Romano.


Hasta prácticamente el siglo VI, los cántabros viven independientes, con su modo de vida salvaje y belicoso, no dando muestras de romanización, pues conservan su lengua prerromana en gran medida y son paganos. Así, Cantabria permanece ajena al reino visigodo hasta Leovigildo que se propuso someter a los pueblos que aún escapaban a su dominio a mediados del siglo VI.

Penetró en Cantabria y tomó Amaya en el año 574 con el deseo de unificar toda la península bajo su mandato y sofocar el comportamiento rebelde del pueblo cántabro que los sucesores de Leovigildo sufrirán en nuevas revueltas. La escueta crónica de la toma de Cantabria solo nombra a Amaya, lo cual plantea la duda de si el dominio visigótico fue superficial, limitándose a Amaya y el sur de la cordillera, ( se han hayado necrópolis visigodas en Reinosa, Retortillo y Herrera de Pisuerga y objetos en Suano ( Campoo de Suso ).
Fuente:Cantabria joven.

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